10 RAZONES PARA DECIR NO A LAS RETENCIONES.

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En medio de los trascendidos en torno al electo presidente Alberto Fernández sobre la posibilidad de volver a instalar las retenciones al campo, los productores autoconvocados publicaron un comunicado que se había publicado contra el ex gobernador bonaerense Daniel Scioli denominado «SENTIMOS REPULSION».

1. No se compensa con un tipo de cambio alto.

Mas allá de la dificultad de definir que es un tipo de cambio alto, el mismo impacta sobre el precio de venta del cereal,  y también sobre el de compra de insumos e implementos (maquinaria, semillas, fertilizantes, etc.). A mayor tipo de cambio, mayor costo y mayor riesgo.

Y mientras existió la presunta ventaja del tipo de cambio alto el campo fue discriminado, siendo el único sector que debió soportar retenciones cuantiosas como contrapartida a este eventual beneficio. 

2.  Desapareció la ventaja de los altos precios internacionales.

Fueron junto con el tipo de cambio alto el principal argumento para justificar las retenciones.

3.-  El concepto de renta extraordinaria es una falacia anticientífica.

No existen parámetros objetivos  para definir cuando una renta es extraordinaria. 

¿Extraordinaria en relación a qué?  ¿A la inversión realizada? ¿Al capital? ¿A los activos? ¿Al bruto facturado? ¿Al riesgo? 

Si por renta extraordinaria entendemos cualquier  rentabilidad superior a la media, vale aclarar que la expectativa de este tipo de rentabilidades es la que optimiza la asignación del capital dirigiendo los recursos de un país a actividades innovadoras, riesgosas y vanguardistas.

Indicador por indicador existen innumerables actividades más rentables y menos riesgosas que la actividad agraria, empezando por la actividad política.

4. Circunstancias como las sequías o las inundaciones, generan pérdidas que de no compensarse con creces en tiempos mejores llevan al productor al quebranto.

A nadie se le ocurriría gravar a un restaurante basándose solamente en los ingresos obtenidos en las horas pico; o a un hotel tomando como normal la ocupación durante temporada alta. En el agro las buenas épocas subsidian a las malas.

5. Las «retenciones” atentan contra la letra y el espíritu de la Constitución nacional (la propiedad privada es inviolable y los impuestos no pueden ser confiscatorios).

Un impuesto que distraiga más del 35% de la renta es confiscatorio, según una larga tradición jurídica (y el sentido común).
Las retenciones constituyen un impuesto a los Ingresos Brutos del 20, 30 o 35 % que resultaría intolerable para cualquier comercio o industria.
La Constitución es clara: “Sólo el Congreso puede legislar en materia de impuestos y derechos de exportación”;  “la propiedad privada es inviolable”; cualquier ciudadano tiene derecho a “usar y disponer de la misma”.

6.  Las retenciones violan la igualdad ante la ley 

La Constitución Nacional establece que las contribuciones serán establecidas por el congreso de manera “proporcional y equitativa” (art. 4) y “que la igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas” (art. 16).Las retenciones gravan por  lo general solo a la actividad agropecuaria.

7. Las retenciones constituyen una injustificable “discriminación al sector agropecuario” en relación al resto de las actividades: El agro lo alcanzan “todos” los impuestos y además las “retenciones”.

Al agro lo alcanzan todos los impuestos que soportan las demás actividades (IVA, Ganancias, Inmobiliario Rural, Cheque, etc. Etc. Etc.). ¿Por qué debe soportar impuestos adicionales que una inmensa cantidad de negocios menos riesgosos y más rentables no soportan?.

El resto de las actividades exportadoras gozan además, del reintegro de los impuestos abonados durante el proceso productivo (Draw Back). Este reintegro basado en el principio según el cual “los impuestos no se exportan” vale para todos en todos los países; menos en Argentina para el agro.

El resto del mundo no cobra retenciones y en buena parte subsidia a la actividad agropecuaria. El agro argentino no recibe ni uno ni otro beneficio y debe competir con sus pares soportando asimetrías insalvables.

8. Las retenciones constituyen asimismo una vergonzosa “discriminación al interior”. Afectan a la principal fuente de riqueza y progreso de las Provincias.

Es dinero que «se va» de nuestras Provincias, que no se gasta en nuestras «aldeas”, “colonias”, “parajes” “pueblos” y “localidades”.
Es dinero que implica menos facturación de Ingenieros Agrónomos, de Concesionarios y fábricas de maquinaria agrícola, de veterinarios,  de comerciantes, de mecánicos de campo, de jóvenes profesionales que gracias al aumento de los precios internacionales estaban volviendo (antes del 2008) para quedarse en sus pueblos, como habían dejado de hacerlo.

9. Las retenciones (impuesto no coparticipable) destruyen el federalismo y promueven el centralismo unitario con el consiguiente clientelismo político y económico.

Disminuyen la base imponible para el impuesto a las ganancias (que sí es coparticipable) y acrecientan la fabulosa apropiación de recursos del Ejecutivo Nacional (que hoy concentra el 75% % de la masa de impuestos quedando a las Provincias y Municipios solo el 25% restante).

En la década de los 80 correspondía 55% para Provincias y Municipios y 45% para la Nación que se hacía cargo de innumerables escuelas y hospitales que hoy se han provincializado,  además de casi 400 empresas públicas deficitarias.

10. Las retenciones constituyen una intervención «viciosa» del Estado.

Viciosa, no porque existan intervenciones virtuosas, sino porque además del daño que la intervención en general genera por sí misma, las retenciones significan diferir riqueza de los sectores productivos a los sectores improductivos;  de los agricultores a lo peor de la clase política.

El aparato “clientelizador” de la demagogia necesitará siempre más dinero para la próxima campaña y para la próxima y para la próxima. No se puede facilitar esta herramienta en ninguna de sus formas.

Este sistema de explotación del hombre por el hombre destruye las fuerzas productivas para someterlas a relaciones políticas y económicas donde la riqueza es transferida desde los que la generan a los que manejan los resortes del poder y de las leyes.

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