EN LAS HISTORIAS DEL AUTOMOVILISMO DEPORTIVO DE EL PROVINCIAL MOTORES PRESENTAMOS A ROBERTO MOURAS, EL TORO, EL PRINCIPE DE CARLOS CASARES

Roberto José Mouras había nacido el 18 de febrero de 1948 en Moctezuma, pero por cuestiones laborales, su familia se trasladó a una ciudad cercana, Carlos Casares, donde afincó sus sueños de futuro campeón.

Hijo de María Inés Serrani y de Roberto Mouras, jefe de la estación local de tren.

Cursó la secundaria en el colegio Juan XXIII de Carlos Casares, donde hizo atletismo y jugó al fútbol en el Club Atlético de Casares, tuvo un paso fugaz como futbolista del club de la ciudad, donde se desempeñaba como un rústico numero cuatro, pero fue la música de un motor de carrera lo que le provocó una verdadera seducción.

HISTORIA DEL AUTOMOVILISMO DEPORTIVO: ROBERTO MOURAS – PROGRAMA COMPLETO

Hizo sus primeras armas sobre un Ford de 1939, y al terminar la escuela secundaria, comenzó con un IKA Bergantín a participar en carreras de regularidad, luego en las cuadreras de la zona con un Chevrolet 400, después llegó el Turismo Anexo J con un Torino marrón metalizado y en el ’74 se subió por primera vez a un podio de TC en el autódromo municipal de Buenos Aires, cinco años después de su estreno en la divisional con Torino.

En aquel 1974 había comprado su primera Chevy, que se transformó más tarde en la emblemática «7 de Oro», con la preparación de Jorge Pedersoli y Omar Wilke. Con ella enhebró seis victorias consecutivas, récord aún vigente en TC.

En 1979 pasó a Dodge y obtuvo tres campeonatos seguidos: 1983, 1984 y 1985. Un año después regresó a Chevrolet para consolidar su identificación con la marca del moño.

Si de rivalidades en el Turismo Carretera se trata, la que protagonizaron Roberto Mouras y Oscar Castellano merece un capítulo aparte; tal como ocurrió con Ford vs. Chevrolet y Gálvez vs. Fangio. Ambos llegaron a compartir una misma marca: Dodge. Pero el ansia por ganar carreras y títulos hizo que entre ellos hubiera un encono que, por lo general, terminaba con sus autos abollados o con alguno excluido.

Polémicas al margen, Mouras y Castellano marcaron una época en el TC. De hecho, ambos lograron seis títulos en la década de 1980. El Toro celebró tres veces con Dodge (1983, 1984 y 1985); mientras que el Pincho logró los títulos de 1987 y 1988 con Dodge y 1989 con Ford

Mouras vs. Castellano, Castellano vs. Mouras. Una rivalidad -y una hegemonía- que marcó una época en el TC y que trascendió las fronteras del tiempo.

El 22 de noviembre de 1992, 29 años atrás, el circuito semipermanente de Lobos se llevó la vida de una de las máximas figuras de la historia del Turismo Carretera: Roberto José Mouras, ídolo de Chevrolet, que fue además tricampeón con Dodge.

La fatalidad, fiel aliada de los riesgos del automovilismo, se devoró aquella mañana la vida del Toro o el Príncipe, como se lo conocía en el ambiente, cuando marchaba rumbo a una nueva victoria en la categoría más popular del mundo motor argentino.

Con su espíritu ganador y combativo, Mouras se la jugó en el trazado bonaerense en pos de descontarle puntos a Oscar Aventín, por entonces líder del campeonato. La ruta 205 fue el escenario de la tragedia, cerca del cruce con la 41, donde una multitud presenció con incredulidad cómo un montículo de tierra frenó a la Chevy de Mouras, que venía a 230 kilómetros por hora y descontroló su curso al reventarse el neumático delantero izquierdo haciéndole perder el control del coche y chocando de lleno el lateral izquierdo del auto contra un talud de tierra. Miembros de su equipo no descartaron la rotura de un tensor y hasta fallas en los frenos. La violencia del impacto causó que el lateral se hunda hasta donde se ubicaba la butaca de Mouras, provocándole la muerte de manera casi instantánea. En el accidente, también resultó herido su copiloto Amadeo González, quien terminaría falleciendo dos días después en el Hospital Italiano de la ciudad de La Plata. González se desempeñaba también como ayudante de mecánica en el taller del motorista Jorge Pedersoli, responsable de la preparación del Chevy de Mouras, esa iba a ser su última competencia que iba a acompañar a Roberto porque quería dedicarse exclusivamente a la mecánica, y el destino decidió otro camino.

El golpe fue seco y escalofriante, como lo fue el silencio de los miles de fanáticos que presagiaron en ese momento lo que nadie quería: el final de la vida de un enorme piloto de 46 años, que sólo quería ganar la carrera y su cuarto título de TC.

Mouras ganó post morten la carrera de Lobos y sumó 50 triunfos en TC, detrás Juan Gálvez, nueve veces monarca y máximo ganador con 56 victorias.

El 22 de noviembre de 1992 se fue el ídolo de Moctezuma, de Carlos Casares, de los hinchas de Chevrolet, de Dodge, de Torino, de Ford y del automovilismo en general y nació una leyenda que hoy perdura.

EL PROVINCIAL MOTORES

Lunes y jueves a las 19:00

UNA PRODUCCIÓN GENERAL DE JORGE OSMAR MUCHI

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