Todo 26 de febrero de cada año, está en la memoria de cualquier fanático del automovilismo en Argentina, del Turismo Carretera y de la marca y el auto que por entonces se producía en la Planta de Santa Isabel en Córdoba.

Se abría la temporada 1967 de la categoría más emblemática de nuestro deporte motor, no sería un campeonato más, claro que no, ese fin de semana hacía su debut el equipo oficial IKA (Industrias Káiser Argentina) con su modelo Torino 380w.

James McCloud, máxima autoridad de la compañía americana IKA, había designado por entonces a un joven muy capaz y distinto de la División Experimental y que contaba solo con 28 años y cuyo nombre y apellido era Oreste Berta, para crear el “Equipo Oficial”, designar sus pilotos, hacer debutar al auto, intentar ganar carreras y campeonatos.

La tarea no fue sencilla, había que irrumpir en una categoría como el “TC”, que desde fines de la década del ’30, solo se identificaba por dos marcas, Ford y Chevrolet, las que, además, dividían la pasión de sus fanáticos. 

Nos ubicamos en el tiempo, al cerrarse la temporada de 1966, los del “Moño dorado” sacaban chapa con el título de Juan Manuel Bordeu que arrasaba con su “Coloradita”, batiendo nada menos que al “Tractor” de Eduardo Casá, que identificaba a los del “Ovalo azul”, claro, pero también era la época del “Niño” Rodolfo de Álzaga, de Carlos Pairetti, de Gastón Perkins y del jovencito Luis Di Palma entre otros, como los referentes del momento.

Llega el momento del debut, claro, el mismo Oreste Berta ya había ensayado con tiempo suficiente no solo el potente motor Tornado que equiparía sus autos, sino también había encontrado el equilibrio necesario en los Torino para debutar el 26 de febrero de 1967 en la “Primera Vuelta de San Pedro”.

Para ello, Berta, con plena libertad de parte de la empresa, había elegido a sus pilotos. Eduardo Copello, quién venía de manejar y hacer estragos con un Renault Gordini alistado por el propio Oreste, el cordobés Héctor Luis Gradassi que era el rival directo de Copello en los zonales con un poderoso Auto Unión, y el rafaelino Jorge Ternengo, eximio motociclista y reciente iniciado en el automovilismo.

Ellos fueron “La CGT”, Copello-Gradassi-Ternengo, así los identificó el público, en clara alusión a la emblemática “Confederación General del Trabajo”, quienes debutaron en San Pedro con los poderosos autos de IKA, los Torino totalmente plateados, solo con una franja azul al medio de sus carrocerías y con los números 1, 2 y 3, que eran los puestos alcanzados el sábado en clasificación, Copello primero, dejando detrás a Gradassi y tercero Ternengo.

Antes de clasificar ese sábado, surgió una de las anécdotas más espectaculares de la historia del automovilismo nacional, la de “El Linyera”, que sorprendió al mismísimo Oreste Berta y a sus mecánicos de la fábrica que asistían al equipo IKA.

Con los Torino oficiales, en los tres primeros lugares de partida en el camino, se inició la “Primera Vuelta de San Pedro”, organizada por el Automóvil Club San Pedro, Premio “Fruticultores Guzzo”, sobre un circuito de 56km (34km de tierra y 22km de asfalto), la vuelta, con una distancia total: 562 Km para los 10 giros pactados.

La historia dirá que fue debut y victoria del equipo oficial IKA con los Torino 380w en el automovilismo argentino y en el Turismo Carretera, siendo el cordobés Héctor Luis “Pirín” Gradassi, el piloto encargado de conducirlo hasta la meta para ganar.

La carrera se circunscribió en un encarnizado duelo entre el propio Gradassi desde el vamos con el referente de Ford, Eduardo “Tuqui” Casá a bordo de su “Tractor F.100”. A poco de iniciarse la contienda, Copello con el Torino Nº1 quedaba al margen por una falla eléctrica, mientras que el tercer integrante de la “CGT”, el “Nene” Ternengo volcaba sin consecuencias.

“Pirín” Gradassi llegó a la histórica victoria acompañado por Carlos “Coco” Piazza en la butaca derecha, no sin antes padecer problemas cuando comenzó a desprenderse el caño de escapes en el cuarto giro y quedarse en cinco cilindros a una vuelta del final. Ni un inconveniente ni el otro, privaron a la marca, al auto y al piloto, sellar una conquista que quedó para siempre en la retina de los fanáticos del automovilismo argentino.

Clasificación General/Final 10 Vtas.

1º) Héctor L. Gradassi/Torino380W – 3h21m36s1/5 

2º) Eduardo Casá/Ford F-100 – 3h23m30s2/5 

3º) Mariano Calamante/Chevrolet – 3h28m44s4/5 

4º) Ricardo J. Bonanno/Ford F-100 3h30m48s1/5 

5º) Nasif Estéfano /Ford F-100 – 3h34m57s 

6º) Eduardo Matias/Ford F-100 – 3h36m30s3/5 10

*Arribaron 18 autos de 40 que largaron

*Promedio del ganador: 167,259 km/h

Así arrancaba la temporada 1967 con el Campeonato Argentino de Turismo Carretera, un certamen que terminó teniendo 32 fechas ese año y que vio coronarse en el Gran Premio de fin de año a Eduardo Copello, luego de una titánica definición con el propio Gradassi que era su compañero de equipo.

*Récord de vuelta: Eduardo Casa, 6º vuelta en 19m27s4/5 a 173,249 km/h

Héctor Gradassi logró en San Pedro el primero de sus 30 triunfos en el TC. En esa temporada 1967 fue subcampeón de Copello. 

Hubo mucha gente, e incluso habían quedado una fila de 15 Km de cola de autos sin poder entrar. Por esta situación la largada se demoró una hora y media. Otra evocación, aunque menos grata es la de la reacción de gran parte del público ante esos “intrusos” que veían en los Torino, con sus líneas modernas, frente a las tradicionales Cupecitas. Les tiraban piedras y palos en el camino, pero con el tiempo se terminaron convenciendo que era el futuro.

El auto de Copello era el distinto de los tres Torino 380 W, ya que poseía una trompa modificada en función de un mejor rendimiento aerodinámico (ganaba 5 Km de velocidad final) y una tapa de cilindros entubada. Si bien no había órdenes y todos tenían la misma atención, pero, por esas cosas distintas y su estrecha relación con Berta, Copello era de alguna manera el piloto número uno.

Esta Vuelta de San Pedro, fue la primera y última disputada en dicha ciudad bonaerense, donde por entonces Osvaldo Morresi, obviamente aquellos eran tiempos en que nadie imaginaba la presencia en las carreras de las transmisiones televisivas, que con sus particulares pautas irían cercenando y cambiando, no todas para bien, tantas cosas en el automovilismo.

Tal vez antes había más pasión de la gente porque los autos eran más genuinos de las marcas mientras que ahora son casi todos iguales. Claro que también antes los riesgos eran mayores, especialmente las carreras en ruta, que eran una ruleta rusa, como diferencia de aquel a este TC, algo que no le impide celebrar este retorno de los Torino con respaldo oficial. 

Las Cupecitas sintieron el impacto de la irrupción triunfal de los Torino y reaccionaron. A la semana siguiente de San Pedro, Casá venció en Allen, dos semanas más tarde Ángel Rienzi ganó en Necochea y siete días después, Casá repitió en la Vuelta de Santa Fe. Todos con Ford F 100. 

Tampoco la respuesta de los Torino oficiales se hizo esperar. Llegó a partir de la quinta fecha, 2 de abril, en el Gran Premio de la Vendimia en Mendoza, con una serie de victorias de Copello, sobre un Torino con modificaciones en las suspensiones, que no sólo lo proyectaron al título, sino que confirmaron que aquel 26 de febrero algo había cambiado para siempre en el TC. Por eso el recuerdo se mantiene pese a que ya pasó medio siglo.

Pero nada pudo alterar la marcha triunfal del primer año de la CGT: sobre 32 carreras Copello ganó 11, Gradassi, 4; y Ternengo, 2. Copello fue campeón con 99 puntos y subcampeón Gradassi, con 69. “Me encerré una noche con todas las revistas de automovilismo y fui analizando. Luego de la depuración quedaron Eduardo Copello, Héctor Luis Gradassi y Jorge Ternengo…”, contó Berta sobre la elección de los corredores.

De Copello muy poco se podía agregar ya en esa época. El paso del Renault Gordini a un auto más grande fue una necesidad para alguien que, como él, ya estaba consagrado. Gradassi tenía como referencia su participación exitosa a bordo del Auto Unión, cuando en 1966 venció al equipo Renault de Berta en carreras difíciles como la Vuelta del Noroeste, Capilla del Monte, La Cumbre y Carlos Paz. Ternengo contó con el aval de ser rafaelino como Berta y por diez años que transcurrieron entre las dos y las cuatro ruedas, agregando a su currículum la gran ventaja de su conocimiento mecánico.

El 26 de febrero de 1967 la técnica del TC se robusteció. Un par de años antes la categoría vio cómo el Chevytú encaraba una nueva filosofía, a la que Copello, Gradassi y Ternengo afianzaron desde el mismo momento de su aparición en TC con Torino.

Una insolencia hacia el tradicionalismo demostrada con contundencia. Primero y segundo en el campeonato, encargos al por mayor de Torino TC (su costo ascendía a 1.800.000 pesos viejos) para un auto que, además de servir para ir a comprar helados, demostró estar capacitado para ganar carreras. Pero a esos autos había que manejarlos y Copello, Gradassi y Ternengo – la CGT- demostraron el poder de la agremiación.

De la CGT a las Liebres, este será el próximo capítulo de la Historia del Automovilismo deportivo.

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